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BELLA DORITA: CON LOS HOMBRES TUVE MUCHA MANO DERECHA

La Bella Dorita, "la reina del Paralelo", va a cumplir 100 años 

La Bella Dorita era la reina del Paralelo: una reina cruel. Practicó un feminismo cautivador de "femme fatale" que destrozaba corazones y fortunas hasta el suicidio entre incautos enamorados de la mejor burguesía catalana. Mientras otros desheredados hacían una guerra civil, la suya era una venganza de clase y de sexo solitaria e implacable. Ellos perdían la cabeza y ella ganaba joyas y pisos sin acabar de quitarse del todo la ropa ni de encontrarse la maldita pulga. Ni de enamorarse. Hoy se jacta, sabia y antigua, de aquellas locuras, mientras paga sus recibos con aquellas joyas.

Bella DoritaCumplen años, junto a la diosa centenaria María Sala Yáñez, Lucía Carceller, Rafael Albertí y Ricardo Ardèvol, que la han preparado para esta foto durante días.

¿Qué es lo primero que recuerda?
Me sacaron a pasear de niña en Cuevas de Almanzora y... ¡me pegué un porrazo!

¿Y de Barcelona?
Cerraron las minas en Cuevas y tuvimos que venir en la cubierta de un barco. Fuimos Rambla arriba cargando los colchones hasta el pueblo, entonces era pueblo, de Gràcia.

¿Vino con toda la familia?
Con mis padres, mi abuela, seis hermanos, un hermano de mi madre. Nos metimos en casa de unos parientes. Al día siguiente, ya fui a trabajar.

¿De qué?
En los calados.

¿Qué?
Una fábrica de bordados. Yo tenía doce años y trabajé hasta casarme, a los 16.

¡Qué joven!
Entonces era así. Me enamoré de mi marido y a los 19 días me escapé con él, pero lo Dejé porque no se portó bien conmigo. Y me quedé preñada en el debut.

¿Qué hizo entonces?
Me quedé el niño y dejé al marido. No podía volver a casa, así que me metí en una pensión de la calle Conde del Asalto y puse al niño con una ama de cría en Sants.

¿De qué vivía usted?
Bueno, me di cuenta de que gustaba mucho. Y ni siquiera me pintaba.

¿Sí?
¡Ay, sí! Yo era una muñequita monísima.

¡La Bella Dorita!
Eso me lo puso el empresario, que era muy listo, cuando gané un concurso de belleza a los 17 años.

¿Y sabía cantar?
Fui a clases para vocalizar bien. Por entonces las calles Lancaster y Conde del Asalto estaban llenas de academias de baile y de canto. Ibas por la calle y se escuchaban las castañuelas y los pianos y las voces...

¿Cómo era el Paralelo?
Yo estuve en París y el Montmartre no le llegaba al Paralelo ni a la suela de los zapatos. Era mejor que París. Estaba siempre lleno, a rebosar...

¿Qué cantaba usted?
Lo mío eran las canciones pícaras, el doble sentido. Decirlo todo sin decir nada.

¿Su revista favorita?
"Quina nit!"

¿En catalán?
Claro, yo hablo catalán igual que el castellano. Me aprendí la revista en horas porque Gemma del Río dejó el teatro y se había ido a Brasil, y tuve más éxito que ella.

¿Qué canción prefería?
Yo recuerdo "La pulga", "La vaselina", "Fumando espero"... ¡Ay, "Fumando espero"! Sara Montiel tuvo que pedirme permiso para poder cantarla! Cuando la cantaba yo, se ponían de pie.

¿Tenía usted imitadoras?
Algunas hacían el ridículo, sí.

También tendría alguna amiga.
Nunca tuve amigas.

¿Amigos?
Hombres, muchos. Yo tenía con los hombres una mano derecha potentísima.

¿Se volvió a casar?
Me he casado tres veces y los tres murieron. Mala suerte.

Dicen que un admirador suyo se suicidó en El Molino por usted... delante de todos.
¡Dos! Dos se suicidaron.

¿No le da pena?
¡Si a ellos les gustó!

Por qué era tan dura con ellos?
Primero no me daba cuenta... Después era dura con ellos porque yo ya había aprendido cómo eran los hombres.

¿No se enamoró nunca?
Me casé enamorada y quise a mis otros dos maridos. Uno trabajaba en la Banca Jover, nos casamos en la guerra y murió en la guerra; el otro era empresario... Mire esto...

Es una joya preciosa, sí.
Es un regalo.

¡Vaya! ¿De quién?
Aunque me acordara no se lo diría.

¿Cuál es el mejor regalo que le hicieron sus admiradores?
La casa en la que vivo.

No está mal. ¿Y qué les daba a los hombres a cambio de los regalos?
Yo siempre he guardado algo para mí en el escenario y fuera de él. Siempre hay que guardar algo.

¿Siempre?
Sí. Al principio salía a cantar muy vestida, luego el empresario me dijo que me pagaría más si me quitaba ropa y me fui quitando, pero nunca del todo.

¿Por qué?
A mí nunca me ha gustado quedarme desnuda delante de nadie. La única vez que me he quedado desnuda en el escenario fue porque se me cayó la bata sin querer.

¿Cuál es la mejor época que recuerda?
Durante la República, los cabarets estaban llenos. He actuado en todos los teatros y cines de Barcelona, menos en el Liceo naturalmente. Ganaba mucho dinero.

¿Qué hizo con tanto dinero? Parte de él me lo he quedado. Me gustaban las joyas, pero pedía recibo para que no fueran robadas.

¿Le gustaba algún cantante?
Sí, sí. Mi favorito es... ¡Ay, ahora no sé si se ha muerto o no! Este... ¡Frank Sinatra!

Ese siempre estará vivo.
¿Sabe que haré a los cien años?

No.
Comer ostras y marisco...

¡Bien!
Y me parece que ya hemos hablado bastante... ¡Jolín!

Fuente:
Lluís Amiguet / La Contra
La Vanguardia
11 de Marzo de 2000

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