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JULIETTE CARNÉ
Sebastià Gasch dice en su libro "El Molino" (Dopesa, 1972): "Juliette Carné, lírica y de un lirismo sensible, daba forma tangible a esa parte de misterio sin el que no hay arte verdadero, ese "delirio sagrado" superior a la inteligencia, ya que la inteligencia desnuda carece de poder de emoción y de acción sobre el público.
(...) Rezumaba inteligencia por los cuatro costados, por sus manos elocuentes, su voz ronca, por su cuerpo expresivo, por su rostro resplandeciente de luz lunar, su rostro de mujer de presa, en el que todo conducía a la intensidad de la mirada y a la boca multiforme, que a veces se abría con un rictus doloroso."
Justamente, porque era inteligente, y al propio tiempo sensible, Juliette Carné dominaba el arte difícil, profundo y popular de la canción; de la canción susceptible de provocar lágrimas de calidad.
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