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LA TRIUNFADORA
Sebastià Gasch dice de ella en su libro "El Molino" (Dopesa, 1972): "La Triunfadora tenía un rostro menudo, esmaltado y transparente cual una porcelana, en el que brillaban con fijeza unos ojos minúsculos y levemente oblicuos. Y unos pómulos prominentes. El Oriente había dejado huella en su rostro. La Triunfadora salía a cantar y se quedaba plantada como metida en tierra, despectiva y magnífica, con aire retador."
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