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M. DE LIS
Otra "telonera", de la que Sebastià Gasch dice en su libro "El Molino" (Dopesa, 1972):
"En la vida privada M. de Lis era un paquete de grasa y buen humor. Una gordinflona encantada de la vida. Una mujer que lo tenía todo resuelto. Las siete pesetas diarias que ganaba ya le resolvían todos los problemas que la vida plantea. Desbordante de carne y de vitalidad, su exceso de energía tenía una necesidad imperiosa de expansionarse. Era como un odre demasiado lleno que derramase vino en cantidad.
En la vida privada M. de Lis era así. Y lo mismo era sobre el escenario. Cuando salía a él como una giganta, acudía a la memoria la letrilla del viejo cuplé: "Es mi cuerpo un monumento, por delante y por detrás..." Y llevaba unos vestidos... ¡Oh, qué vestidos!
Había uno que merece un comentario. Inmenso, pesado, de mil colores, atiborrado de medias lunas y de incrustaciones de vidrio y hojalata, parecía un cuadro cubista de Picasso de la época pintorreada, o aquella indumentaria llena de constelaciones, de naipes, de dados, de banderas y de rosas que el delicioso Serge, poeta y dibujante del circo, ponía a sus fenómenos de feria y a sus ilusionistas.
M. de Lis, que debía de tener sangre gitana en las venas, cantaba unos cuplés flamencos en andaluz, pero con acento catalán de suburbio, y un chorro de voz fenomenal y ensordecedor.
(...) Su comicidad brotaba de sus improvisaciones, de sus indecisos, llenos de improvisto y de auténtica espontaneidad. A veces, en pleno cuplé, desaparecía entre bastidores y volvía a salir tan campante. Otras veces, interpelaba al público con frases de una gracia inimitable, o deformaba los pasos de baile con un sentido vivísimo de la caricatura. En fin, un espectáculo de una alegría sana y de un grotesco apayasado que merecía ser visto.
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