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ORÍGENES Y NOMBRE DEL PARALELO
Cuenta la leyenda que el nombre de la Avenida del Paralelo fue dado por Josep Comas Solà (1868-1937), astrónomo catalán y primer Director del Observatorio Fabra. Se dice que Comas convenció a una ex-criada de la familia, que se estableció por cuenta propia poniendo un bar en aquella avenida, para que diese el nombre de "Paralelo" a su establecimiento. Esta versión no parece tener mucho rigor histórico, aunque la defiende Luís Cabañas Guevara en su libro Biografía del Paralelo.
En realidad, el nombre proviene del hecho que su trazado coincide con el de un paralelo terrestre: el paralelo 41º22'34'' norte, y fue dado por el propio Cerdà, tal y como aparece en numerosa documentación municipal de la época. La avenida quedaba incluida en el "Plan General del Ensanche de Barcelona" aprobado por el gobierno municipal el 7 de junio de 1859, y fue inaugurada oficialmente el 8 de octubre de 1894.
Avatares políticos y guerras cambiaron su nombre, como otras del nomenclátor de la ciudad, y durante el periodo de la dictadura del General Franco se denominó Avenida del Marqués del Duero, eso sí, con bien poco arraigo popular.
Ildefonso Cerdà (1815 - 1876), urbanista e ingeniero, es el artífice del conocido Ensanche barcelonés. El proyecto no estuvo exento de polémica, puesto que su plan fue aprobado por el gobierno de Madrid en el año 1860, al margen del concurso convocado por el ayuntamiento de Barcelona, que se decidió en favor del arquitecto Antoni Rovira i Trias. El Plan Cerdà nació, pues, con la oposición gremial (puesto que los arquitectos barceloneses consideraban que aquel era su terreno), política (puesto que Madrid impuso su decisión por encima de la del ayuntamiento) y popular (dado que el Plan de Rovira i Trias era mucho más convencional y por lo tanto más comprensible por la mayoría de la gente).
El esmerado estudio de Cerdà de las condiciones de vida de la Barcelona amurallada, y el análisis comparativo con otras ciudad europeas, dio como resultado el primer tratado moderno de urbanismo, la "Teoría General de la Urbanización" (1858), que aplicó en el caso barcelonés.
El proyecto de Cerdà tenía una dimensión global, que es lo que le da valía. Dividido en dos grandes unidades que a la vez se subdividían en cuatro sectores, y estos en cuatro pequeños barrios, con una dotación de equipamientos que corresponde a esta secuencia: un hospital por cada unidad, un mercado por cada sector, y una escuela por cada barrio.
Las vías estaban diseñadas paralelas o perpendiculares al mar, con los vértices de las islas coincidiendo con los puntos cardinales y por lo tanto todos sus lados tienen luz solar a lo largo del día, hecho que innegablemente mejora la calidad de vida.
Generalmente las calles del Ensanche tienen una anchura de 20 m, de los cuales actualmente los 10 m centrales están destinados a calzada y 5 m por lado a acera. No obstante diseñó algunas calles más anchas (por motivos varios, sin perturbar su diseño cuadricular original) como la Gran Vía de las Cortes Catalanas, la calle Aragón o la calle Urgel. Merece una mención especial el diseño del Paseo de Gracia y la Rambla de Cataluña: el primero por respetar el antiguo camino de la villa de Gracia y el otro por ser una riera natural (de donde proviene la palabra de origen árabe rambla).
Aprovechando los trazados existentes del Camino real de Sants y Sant Andreu, Ildefonso Cerdà estructuró, ya en los primeros planos de 1855, dos grandes avenidas perpendiculares que formaban 45 grados con la cuadrícula del Ensanche: el Paralelo (est-oeste) y la Meridiana (norte-sur).
En una visión de futuro en la que sólo se equivocó en el nombre de los vehículos (a los que Cerdà denominaba locomotoras particulares), justificó el chaflán de los vértices de las islas, de 15 m, por la visibilidad que daba a la circulación de vehículos, en aquel momento prácticamente nula.
Dentro del espacio interior de cada isla Cerdà proyectó un jardín, que quedaría enmarcado por los edificios, de una altura máxima de 16 m. La especulación por obtener mayor espacio construido hizo que en los interiores de isla proliferaran edificaciones bajas, destinadas a talleres y pequeñas industrias (actualmente algunos de los jardines interiores se están recuperando), y que la altura de los edificios fuera de 20 m, puesto que con este incremento de altura y el sol a 45º se iluminaba cualquier edificio totalmente.
La ejecución del Plan Cerdà, inacabable, provocó que el centro de Barcelona estuviera durante años en obras, y en consecuencia lleno de barro. De aquí parece que proviene el nombre de "Can Fanga" (Casa embarrada) que le dan los habitantes de otras poblaciones a Barcelona.
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